Seminario “Nodos”

INTACT. INTERFAZ PARA LA ACCIÓN TELECOMPARTIDA
Teleprencia artística: Arte y telecomunicaciones
Universidad de Cuenca. Ecuador
31 Marzo 2014

ARTE, TELECOMUNICACIONES Y SOCIEDAD
La percepción que tenemos sobre nuestras tecnologías es un “radar” para el control de sus consecuencias psíquicas, sociales y culturales.

Puntualmente, las tecnologías de la telecomunicaciones han modificado aspectos de la vida tan profundos como el modo de percibir, sentir e interactuar en los seres humanos. En esta relación entre tecnología y vida, el arte pone en evidencia y lleva al límite las negociaciones de la mente en la construcción de la realidad.

El desarrollo de los medios de comunicación a larga distancia o las telecomunicaciones vinculadas al arte han sido una de las grandes motivaciones de nuestro tiempo. Desde que Alexander Bain patentara la telegrafía para la transmisión de manuscritos y dibujos a distancia se inició la posibilidad no sólo de transmitir códigos sino también la de “ver” a distancia. Posteriormente, nuevos sistemas telefónicos hicieron posible las primeras formas de automatización de las centrales telefónicas que dieron lugar a una considerable superación de las distancias geográficas, abriendo así la posibilidad de un mensaje “sin cuerpo”.

Hacia los años 70’, uno de los pioneros del computer art, el brasileño Waldemar Cordeiro afirmaba que las constantes de las crisis del arte contemporáneo son la inadecuación de los medios de comunicación como transporte de la información humana y la ineficacia de los mismos. Para Codeiro, la utilización de los medios electrónicos puede proporcionar una solución para los problemas comunicativos que requiere el arte para la optimización informativa y determinados procesamientos de la imagen.

Sin embrago, ¿podemos afirmar que actualmente estos procesamientos de la imagen, cada vez más sofisticados, han podido efectivamente cambiar el comportamiento del intercambio de la información del mundo a distancia?

Numerosos experimentos pioneros han sido los que han puesto en marcha el naciente arte de la telecomunicación, como por ejemplo, los dadaístas Berlineces que propusieron la utilizacióndel teléfono como medio para encargar a terceras personas la ejecución material de obras de arte, dejando abierta la subversión del proceso tradicional de creación artística y el concepto de autor hasta las meta-comunicaciones de Nam June Paik, basadas en la transmisión por satélite, preparando así el campo para el futuro desarrollo del arte en red y posteriormente el arte telemático.

Sin embargo, la realidad se torna cada día más compleja, especialmente la realidad social. Hablamos de una sociedad en red, compuesta por individuos que co-habitan de manera simultánea en diferentes planos de realidad.

A su vez, se trata de individuos inmersos en este proceso social y cultural particularmente ligado a los medios de comunicación masivos, a las redes sociales y a las tecnologías. Por tanto, no sólo se trata de una relación casi gestáltica, sino también de una arquitectura viva y fluida a la que McLuhan llamó en una primera instancia la “Aldea global”.

Posteriormente, el propio McLuhan visionó una fase superior a la que llamó Sociedad de la Información y el Conocimiento. Esta visión anticiparía el advenimiento de Internet donde la transferencia de “mensajes” viajaría a altas velocidades y en múltiples sentidos”.

Pero lo que ha calado profundamente en nuestro “emocionario” va más allá de la transmisión de datos en tiempo real o la mejora de las tecnologías de la comunicación; lo que realmente deseamos es al otro y su contexto en plenitud; todo esto bajo un concepto fundamental: Transformar el espacio en tiempo.

Sobre la base de las nuevas interfaces para un feedback más completo, es necesario superar el mensaje sin cuerpo propio de las telecomunicaciones y comunicar con mensajes más corpóreos. La sola posibilidad de un cuerpo expandido, capaz de modificar un espacio remoto, abre una serie de hipótesis sobre nuevas configuraciones en la arquitectura del mundo físico y de la red. En un sistema reversible, donde no sólo formamos parte de la red sino que, al mismo tiempo, podemos llegar a contenerla.

¿Qué supondría esta mejora de la experiencia de la telepresencia en el campo del arte? ¿Cuáles son los “permisos” que otorgamos al otro en la interacción? ¿Cuánto hemos desarrollado la infraestructura y los sentidos en la creación a distancia? ¿Cuáles son las zonas de acción de la creación telecompartida?

Desde la visión de las prácticas artísticas, la imaginación, la observación y la participación permiten poner a prueba las nuevas capacidades y facultades del individuo dentro de sus procesos de inmersión, tanto tecnológico como antropológico.

Basaremos esta conferencia en el proyecto INTACT, especializado en “acciones tele-compartidas”, para introducir a la audiencia en la evolución tecnológica de la comunicación a distancia hasta llegar al networking como método de trabajo.

Posteriormente, se profundizará en los elementos que inciden en la comunicación remota en el contexto del proceso creativo y su relación con el espectador/usuario. Se trata de nuevos elementos de composición telemáticos que han replanteado soportes tangibles y nuevos paradigmas en relación al arte de acción, el telecontrol de objetos manipulados a distancia, el cuerpo, la velocidad, la autoría y el espacio de la obra.

Se aportará, de manera audiovisual, las experiencias resultantes de los nuevos procedimientos que se generan en la producción artística por medio de las llamadas “acciones telecompartidas”, las que utilizan una serie de herramientas que son parte de la telepresencia artística como técnica fundamental.

TELEPRESENCIA ARTÍSTICA COMO TÉCNICA DE LAS ACCIONES TELECOMPARTIDAS

Abordaremos las metodologías de trabajo a las que se aboca INTACT y sus estrategias de crecimiento para la construcción y la permanencia de una red de trabajo en constante transformación y evolución, la cual hace posible la realización de acciones telecompartidas. La finalidad de una acción telecompartida es producir una obra de manera colaborativa entre dos o más usuarios mediante herramientas telemáticas. A través de estos sistemas, se recogen y ponen en común diversas expresiones artísticas en tiempo real, tanto analógicas como digitales.

“Somos los terminales nerviosos de la retina colectiva” (José Val del Omar).

Cada máquina conectada a la red, cada estación o terminal es un nodo; cliente y servidor en dos direcciones.

La telepresencia, como medio y la dimensión que produce, está encaminada a la inmersión en la escena tecnológica. Una acción telecompartida vía telepresencia tiene características especiales; no es una sola escena sino múltiples escenas interconectadas, llenas de actuaciones simultáneas que conforman los planos y dimensiones donde habita y transita el sujeto tecnológico.

En este sentido, la acción telecompartida, por medio de la telepresencia, mueve todos los ejes del espacio. La interconexión de esos lugares tiende los puentes entre un espacio y otro, estresando la percepción. Los puentes tecnológicos dejan pasar a los habitantes de espacios remotos, desbordando al sujeto.

Mediante los sistemas de telecomunicación expandidos, por videoconferencia de la robótica y la realidad aumentada por mencionar algunos, podemos estar simultáneamente en distintos lugares y a distintas velocidades. En este punto, el individuo proyecta su cuerpo más allá del espacio local y comienza su hibridación: Una dialéctica temporal entre los contrapuntos de la ubicuidad y el mundo físico que le contiene.

Una vez que se han establecido las conexiones entre los nodos (la red) y se han reinterpretado los mensajes digitales entre un terminal y otro, restan dos cosas: Reconfigurar el espacio local a partir de las dimensiones huéspedes y proyectarlo hacia los otros terminales (remotos).

El fenómeno a tener en cuenta aquí “no es el simple ente o su modo de hacerse presente, sino la llegada a la presencia; una llegada siempre nueva, sea cual fuere al dispositivo histórico en que aparece lo dado” (Reiner Schürmann, Le principe d’anarchie). Así se define el ektase ontológico del ser humano y su copertenencia a cada situación vivida.

Por ejemplo, el fuego de un mechero es capaz de encender en otra ciudad una cerilla que prende fuego a un cuerpo proyectado. Se trata de la imagen del mismo sujeto que encendió el mechero. De otro modo, un soplido aquí, mueve un molino a miles de kilómetros. En este punto la imaginación se dispara y las nuevas relaciones pueden ser tan absurdas y disparatadas como poéticas o literales.

“No hay que iluminar a los hombres; hay que, emotivamente, prenderles fuego a los hombres” (José Val del Omar).

A través de sensores de captura o reprogramaciones informáticas del vídeo en tiempo real, un soplido, el calor o cualquier otro acto/accidente físico se convierte en un mensaje de naturaleza digital, que viaja por el ciberespacio y se reconstruye en otro acto/accidente en otros espacios.

En estas reinterpretaciones de acciones y reacciones, causas y efectos en la red, pivota la realidad. Es importante que los medios tecnológicos sean capaces de conectar además con el subconsciente, de sugestionar colectivamente y conmocionar. Para esto, se hace necesario desquiciar el espacio, dotarlo de características móviles, de capas que redimensionen al ser planetario; no es el sujeto tecnológico el que se mueve, sino el espacio trasformado en vehículo de sus viajes telemáticos.

Las múltiples dimensiones y configuraciones de la red abren la puerta a nuevas experiencias sensibles y por tanto a una redefinición de la presencia en relación al espacio. La presencia deja de ser un atributo en sí. “Lo que hay que aproximar no es la evolución de la presencia en su recorrido hacia la estabilidad final, sino las diferentes maneras en que esta se da, las diferentes economías de la presencia” (Tiqqun, Contribución a la guerra en curso).

La telepresencia debe ir más allá de la de la visión y la audición como resultado de la comunicación a distancia. Es fundamental inventar dispositivos capaces de reproducir cuerpos o manifestaciones palpables en los espacios remotos, transportar fenómenos capaces de modificar el paisaje en todas las direcciones: Una nueva forma de comunicación táctil que pueda replicar acciones, crear cuerpos y sustancias a través de “mensajes” que viajan y llegan por medio de la red de Internet, en cuyo código está la genética de la nueva especie.

Sara Malinarich
- Madrid 2013 -