Telecomunicación, Internet y Ciberespacio

ARS TELEMATICA

Telecomunicación, Internet y Ciberespacio

Claudia Giannetti, (ed.)

Libro publicado por: Barcelona, L’Angelot, 1998

Sinopsis:

Ars Telematica reúne textos de especialistas y artistas de reconocido prestigio, en los que  se  plantean  desde  los más diversos ángulos las claves fundamentales para  el conocimiento y la comprensión de las innovadoras propuestas de la cultura y del arte electrónico.

Se trata de la primera publicación en España que profundiza en la teoría y la reflexión sobre esta progresiva relación de las nuevas tecnologías telemáticas con el mundo de  la  creación artística, además de permitir  al  lector descubrir nuevas dimensiones y posibilidades en este campo.

Los proyectos artísticos pioneros en el uso de los medios de telecomunicación –teléfono, televisión  y satélite– dieron lugar a las primeras subversiones de  las nociones tradicionales vinculadas al concepto de arte. Con la expansión de los medios telemáticos estamos experimentando una verdadera revolución de la cultura, tanto en lo que respecta a la creatividad como en lo relacionado con la dimensión globalizadora de esta nueva estética generada en y para Internet.

En  el ciberespacio  proliferan nuevas prácticas artísticas interactivas y nuevos conceptos: conectividad, telepresencia, entornos artificiales inmersivos, comunidades virtuales, reservas biodigitales… Tratar estos distintos temas, así como ofrecer al lector una aproximación esencial a los mismos, han sido objetivos de este libro.

168 páginas, 24 cm X 17 cm

INTRODUCCIÓN (Fragmento)

Claudia Giannetti


El desarrollo de medios de comunicación a larga distancia ha sido sin duda una de las principales aspiraciones de nuestra sociedad, sobre todo a partir del siglo XIX. Hace poco más de un siglo y medio, Alexander Bain registraba la primera patente de un aparato de telegrafía que permitía la transmisión de manuscritos y dibujos. Esta especie de telégrafo copiador fue

presentado públicamente en la Exposición Mundial de Londres, en 1851, provocando gran admiración entre los asistentes. Nacía aquí el afán no sólo de comunicarse a través de códigos, o también de “hablar”, sino de “ver” a larga distancia. Los primeros experimentos con sistemas telefónicos eléctricos fueron llevados a cabo en 1861, y la famosa patente de Graham Bell fue registrada en 1876. La leyenda dice que el emperador de Brasil, Don Pedro II, probó el teléfono en la Exposición Mundial de Filadelfia y, asombrado –“¡Dios mío, la máquina habla!”–, hizo que la prensa se interesase por el invento. A finales del siglo XIX, el telégrafo óptico ya podía enviar imágenes de razonable definición en tonos de grises. Por esta misma época, Popow y Marconi inventaron el telégrafo sin hilos y Strowger creó en los Estados Unidos un sistema de automatización de la central telefónica. Todas estas tecnologías daban lugar a una considerable superación de las distancias territoriales, solucionaban el problema de las relaciones interpersonales entre individuos separados en el espacio, abrían la posibilidad del envío de mensajes “sin cuerpo”, y todo ello a partir de un concepto fundamental: transformar el espacio en tiempo. Un telegrama enviado en 1896 alrededor del mundo tardó cincuenta minutos en consumar el viaje global. El telégrafo sin hilos podía enviar, a principios de nuestro siglo, hasta treinta palabras por minuto. El teléfono y la radio permitían la comunicación en directo. 

Los primeros intentos de usar los sistemas de telecomunicación como medio para la difusión del arte acompañan sincrónicamente la evolución técnica. A través del teléfono se planteó la transmisión de música en directo: en 1883, la Hofoper de Viena transmitió la ejecución en directo de una ópera desde la sala de conciertos al pabellón de la Exposición Internacional de Electricidad de esta misma ciudad. La primera emisión de radio de la estación KDK, creada por la empresa Westinghouse, celebró su inauguración el 2 de noviembre de 1920 con un concierto en directo. 

En ese mismo año de 1920, los dadaístas de Berlín propusieron la utilización del teléfono como medio para encargar a terceras personas la ejecución material de obras de arte. Al mismo tiempo que planteaban la subversión del proceso tradicional de creación artística (el realizador de la obra pasaba a ser una persona anónima), los dadaístas abrían paso al empleo en las artes plásticas de una tecnología de telecomunicación. La idea fue puesta en práctica por Moholy-Nagy, dos años después, con sus Telefonbilder, sus cuadros telefónicos, que subrayaban la idea de la producción anónima a través de procedimientos industriales de manufactura. (1) 

El “hablar” a larga distancia en tiempo real estaba, en principio, solucionado con estas tecnologías. Faltaba el poder “ver” a larga distancia, función que naturalmente cumpliría el invento de la televisión: tele (del griego tele, lejos) + visión.

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FUENTE: http://www.artmetamedia.net/

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